Teniendo como detonante el acontecimiento publicado en el post anterior en el que un grupo de individuos realizaron una pinta en el monumento a la Revolución bajo el nombre de RABIA NOCTURNA. Hoy les hacemos un homenaje a aquellos activistas desconocidos (nosotros los llamamos cariñosamente “rabia pirata”). La cita en el próximo viernes 6 de marzo a las 8:00 pm en el monumento a la Revolución, en la ciudad de México. “La intención es repetir la pinta de la “rabia pirata” como una forma de memoria y homenaje, un volver a hacer de otra forma ( lasser tag) pero con la misma intención: exigir nuestro derecho a la ciudad y declarar que ya estamos preparando la revuelta” Allí nos vemos con nuestras rabias, un saludo y seguimos. MANGUM + EX(IN) nota. REALIZAREMOS UN PADRÓN DE ALISTAMIENTO A LAS FILAS DE LA “RABIA NOCTURNA”. “LA GUERRA ES HOY Y ESTAMOS PREPARADOS PARA ELLO”
sopa// wonton
Beijing, la ciudad de los números asombrosos, ha mutado excesivamente en los últimos años. Debido a la apertura en la reforma económica en China desde fines de 1970s han ocurrido asombrosos cambios en el área de urbanización. El país con una de las mayores cantidades de habitantes se encuentra en una búsqueda radical de modernización, lo cual produce continuo crecimiento económico y profundos cambios sociales. Ciudades de un nuevo tipo nacen constantemente, ejemplificando las políticas económicas al manifestarse en el desarrollo urbano. En este marco en agosto del 2008 se llevarán a cabo los Juegos Olímpicos, lo que incrementó aún más la construcción e inversión.
Los tradicionales habitantes chinos de Beijing parecen moverse por la ciudad cada vez más rápido, sin un concepto claro de lo que le sucede a sus barrios. La idea de hogar la encuentran asociada (por el momento) a lo viejo de Beijing, a lo histórico. Casualmente es el sector más destruido para las nuevas viviendas.
En este contexto y ante la incertidumbre de los habitantes de la ciudad la pregunta es ¿Beijing está siendo construida para los chinos, o para los extranjeros?
aperitivo// egg rolls
La arquitectura se integra en un sistema de signos que es leído, por los usuarios, los comitentes y los arquitectos, aunque no siempre de manera concurrente. Cada referente tiene sentido en relación a dos contextos: el contexto emisor y el contexto receptor, lugar de la lectura. Para ser referente de algo la arquitectura debe tener intenciones por parte del emisor, y que estas sean leídas por el receptor.
La cultura moldea al emisor y receptor, si ambos pertenecen a grupos diferentes el receptor no podrá decodificar el mensaje a menos que se hubiera apropiado mediante estudios formales de los códigos del emisor. El mensaje también es cultural, desde que se liga a través de la conciencia individual del emisor, a un imaginario social y un acervo histórico que le dan sentido. Esto explica la teoría de la comunicación. ¿Qué pensará el habitante chino del interior del país al ver las construcciones olímpicas de Beijing?
Un relato por Levi-Strauss quizás explique lo que sucedería:
“La estructura de la aldea no sólo hace que se pueda dar el juego delicado de las instituciones sino que resume y asegura las relaciones entre el hombre y el universo, entre la sociedad y el mundo sobrenatural…las misiones salesianas de la región del río de las Garzas comprendieron rápidamente que el medio más seguro para convertir a los Bororo[1] es el hacerles abandonar su aldea y llevarlos a otras donde las casas están dispuestas en filas paralelas…desorientados...los indígenas pierden rápidamente el sentido de las tradiciones, como si sus sistemas social y religioso, fueran demasiado complicados para prescindir del esquema que se les hace patente en el plano de la aldea y cuyos contornos son perpetuamente renovados por sus gestos cotidianos (…) lo que hace a la aldea no es ni su terruño ni sus chozas, sino una cierta estructura que toda la aldea reproduce. Así se comprende porque, cuando contrarían la disposición tradicional de las aldeas, los misionarios destruyen todo”[2]
En la película “The Concrete Revolution” de Xiaolu Guo, la directora relata una serie de dramáticas historias acerca de los habitantes más afectados por esta mutación de la ciudad debido a los Juegos Olímpicos. Allí uno puede ver el nuevo concepto de ciudad que viven los habitantes de Beijing. “Esta es nuestra nueva guerra civil…China atravesó desde una Revolución Cultural a una Revolución Industrial”[3] relata la directora. Imágenes de edificios construyéndose donde antes se encontraban viviendas típicas son reiteradas en la película.
Un relato de un trabajador explica como él no sabe que es lo q esta construyendo, pero tuvo que
dejar a su familia para edificarlo “Sos un pedazo de nada sin dinero en esta sociedad” dice él. Sin duda desde la Revolución Cultural, donde Mao instó a sus seguidores a destruir el mundo para hacer el espacio necesario en el que se asentaría uno nuevo, podría llegar a asemejarse a este estado actual de Beijing pre-Juegos Olímpicos. Sin embargo los dichos de Mao en 1968 tenían un fin amplio para toda la sociedad, una idea de despegarse de toda la opresión del pasado.
plato principal// arroz con camarones
La elección de Beijing como sede de los Juegos Olímpicos no pudo ser más acertada por los gobernantes del país. ¿Que mejor manera de legitimar su dominio? (en todos los aspectos)[4]. Importar una celebración milenaria occidental a un país con cultura milenaria oriental impone de cierta manera la validez de una cultura sobre otra. Tokio en 1964 y Seúl en 1988[5] vencieron a Beijing en esto, aunque China seguramente no estaba preparada para recibir los juegos en esa época.
Sin duda, la imposición de una cultura o gran parte de sus pautas es un instrumento de poder político y económico. En ese contexto la resistencia cultural ayuda en la resistencia política y económica.
La idea de que el territorio es construido por el individuo y construido por prácticas y creencias que son de naturaleza social parece utópico, o al menos antiguo. En este Beijing los que construyen son grupos de arquitectos occidentales. O peor aún empresarios occidentales.
Encontrar un Starbucks dentro de la Ciudad Prohibida no es algo ilógico. El gobierno alienta inversores privados, los cuales demuelen 1km2 por año de patrimonio chino, vendiéndole tierras a bajo costo por 50 años, mientras que los habitantes de ese terreno sean “llevados”[6] a otro lugar. Sin duda el valor del locus (del que habla Rossi) es mucho mayor a lo abonan los inversores.
Mediante un estudio de Mary Douglas[7], se explica la incidencia del encuadre cultural de la apreciación del entorno. Estudió dos tribus en el Congo Belga, que habitaban en márgenes opuestas a un río. Para una la estación seca era la peor del año por lo calurosa, para la otra era la época más fresca y confortable. Al no haber diferencias climáticas significativas, la antropóloga concluyó que una comunidad dada decide por sí misma la suma de las condiciones físicas que experimenta.
Es decir, cada cultura/tribu vivía el clima según sus pautas culturales, relativizando lo que para los hábitos occidentales sería un factor objetivo de valor universal. El impacto de estas nuevas construcciones de arquitectos occidentales y el consumismo que genera sobre la sociedad china, particularmente sobre la cultura china debe ser sorprendente como menos. En la película “Beijing Bycicle”[8] se explica esta situación presentando a un joven estudiante cuyo deseo es el de tener una bicicleta. Obviamente esta representa la posibilidad de pertenecer al grupo, a ser “alguien” dentro del grupo social que se lo exige, lo que lo obliga a recurrir al robo para conseguirla. Pero la pregunta es ¿Qué quiere ser ese joven?
Ser es condición necesaria de la identidad, de “ser algo”. De este modo, ser algo es habitar algo. “El hombre es en la medida en que habita”[9]. No solo la experiencia vital personal nos permite saber quienes somos, sino el encuadre cultural, en cuya trama toma sentido nuestra vida.
Si el hábitat construido influye en el proceso de identificación, “ser de”, en el sentido de “habitar en”, es una manera de saber quien se es.
Por ejemplo en Beijing, los habitantes del interior de china siempre lo serán a los ojos de los citadinos, aún cuando ya estén viviendo y trabajando en la ciudad. Aunque esto se refleja en el comportamiento de los mismos, pues como se ve en la película “Beijing Bycicle” la visión del joven que viene del interior cambia completamente al saber que la joven que lo atrae también lo es, mientras que él antes no se hubiese animado a hablarle ahora quizás si lo haría.
Dentro de este marco semiológico, habría que reconocer lo que acontece en Beijing. Manteniendo la idea del gobierno chino, mediante la demolición de sectores con alto valor patrimonial y cultural, expulsando a la gente que habitó en ese sector; la identidad propia del ciudadano de Beijing se está perdiendo. Un claro ejemplo de esto se ve en la demolición de los Hutongs[10], que son los que verdaderamente demuestran la identidad cultural del hábitat chino tradicional.
Hay que observar las construcciones que se presentan para los Juegos Olímpicos, donde los estadios (emblema de los eventos deportivos) y edificios que fueron presentados como propuestas son demasiado similares a los edificados para Atenas 2004, o para Sydney 2000.[11]
postre// flan chino
Los chinos en Beijing parecen estar ausentes en la ciudad. Son no habitantes. Están los que flotan[12] de ciudad en ciudad en busca de empleo en la construcción y los que trabajan allí con la esperanza de poder pagar ese departamento que se ve en el cartel del edificio. De cualquier forma ambos atraviesan los escombros de su (¿?) ciudad sin detenerse un segundo. Las calles pierden su forma debido a que la ex-casa ya no se encuentra más y el terreno es circulado[13] por miles de personas por entre los viejos ladrillos.
Dentro de esta metamorfosis urbana los teóricos/especuladores de la arquitectura no encuentran una explicación lógica al futuro de la ciudad, menos aún de la arquitectura. Algunos pavorosos indican la pérdida de la identidad china en Beijing, otros directamente tratan de no opinar, seguramente beneficiados por este auge económico. Sin duda uno de los mayores problemas nace en la falta de debate público acerca del desarrollo urbano. Aún cuando los medios de comunicación permiten crear redes de información, es la falta de espacio físico lo que genera que no haya debates en la propia ciudad. Los habitantes son ignorantes de la situación. O al menos no intentan hacer nada al respecto.
Rem Koolhaas formula una teoría acerca este nuevo tipo de ciudades. Su idea de una Ciudad Genérica[14] que se expande si es chica, que se destruye si se convierte en vieja edificándose una nueva no parece ser desacertada en el caso de Beijing. También plantea una pérdida de la historia, explicando una renovación constante del centro de la ciudad, donde se espera que conviva lo nuevo con lo viejo y lo más predecible con lo más sorprendente.
La idea formulada por Koolhaas acerca de un ciudadano chino en Beijing capaz de soportar los violentos cambios que vive su cultura, reinterpretando su identidad cultural a la par de las nuevas construcciones parece un tanto ficticio, comparando con los testimonios de “The Concrete Revolution”. Sin embargo si es cierto que de todas las ciudades dentro de la globalización, Beijing es probablemente la que más lo aceptó como identidad. También es cierto que la población extranjera aumentó considerablemente en los últimos años. El nuevo paradigma del nuevo siglo es esta ciudad, y su identidad es la globalización. La ciudad es tanto de los chinos como de los extranjeros. Ambos la consumen y debería estar pensada para los dos.
La pérdida de la tradición china se contrapone a esta nueva ideología de la ciudad capitalista/globalizada y su exagerado consumismo. La transformación sin duda genera y generará aún mayor conflicto, aunque lo más importante es entender la nueva identidad futura. “Si no se sabe a donde se va, tampoco se sabe donde se está”[15].
El habitante chino también está sufriendo por un cambio de paradigma. Los de mayor edad no pueden comprender la destrucción de sus barrios, los más jóvenes ansían porque termine la edificación de la nueva torre de viviendas y por fin vivir en ese “brillante nuevo mundo[16]”.
Dentro de este escenario la realización de los Juegos Olímpicos sin duda aumenta la sensación de pérdida de las tradiciones, no solo por la destrucción ya explicada sino por la invasión comercial que desencadena durante su duración y aún mayor después.
regalo//galleta de la fortuna
Surgen interrogantes:
¿Qué sucede actualmente con los Bororo luego que las misiones salesianas modificaran su estructura de cuidad?¿Sucederá lo mismo con los habitantes de Beijing en unos años?¿Se transformarán olvidando sus tradiciones?
Que las construcciones Olímpicas sobre los tradicionales barrios chinos afectará la trama urbana eso no hay duda, pero ¿Qué serán los habitantes de Beijing en un futuro?¿De qué ciudad serán parte?
Estas preguntas que surgen representan la sensación de caos[17] que se vive en la ciudad. Caos que se explica como el estado de confusión y desorden en que se halla la materia (ciudad) hasta el momento de la creación del cosmos (ciudad con identidad).
Esta nueva identidad de Beijing será propia de esta ciudad, irrepetible. Siempre será la primera metrópolis en haberlo alcanzado. La pérdida del bagaje histórico que plantea Koolhaas es un tanto exagerado, aunque los arquitectos/empresarios deberían empezar a introducir esa “cualidad sin nombre”[18] propia de Beijing. Es bastante claro como los diseñadores de las actuales obras olímpicas buscan vender sus proyectos dándoles cualidades de la naturaleza, o de la sociedad china misma. Tratan de darle identidad a sus edificios, buscando reemplazar la que destruyeron. No creo indispensable que dichas cualidades deban surgir desde el punto de vista tradicional oriental, sino también desde el mundo globalizado. La mezcla de ambas dará la identidad globalizada de la nueva ciudad de Beijing. Una impuesta por factores económicos del mundo entero. Una que reniega su pasado. Una que se asemeja a la ciudad-aeropuerto de la que habla Koolhaas. Una que exige una transformación a sus habitantes chinos. Una que parece haber sido pedida de urgencia por delivery.
[1] Representan apenas el 1,5% de la población de Nigeria
[2] Levi-Strauss, Claude. “Tristes Trópicos”, Ediciones Paidós Ibérica, 1997 p210-226
[3] Xiaolu Guo. “The Concrete Revolution”, Digibeta, UK, 2004 62'
[4] no olvidar los recientes acontecimientos en el Tibet.
[5] para la construcción de las instalaciones olímpicas de Seúl 1988 no se demolía, sino que se utilizaban terrenos vacíos de la ciudad; intentando unificarlos entre si.
[6] Ver videos: http://www.youtube.com/watch?v=Wx-dHptF3Xg&feature=user y/o http://www.youtube.com/watch?v=Wx-dHptF3Xg&feature=user
[7] antropóloga británica especializada en el análisis del simbolismo y los textos bíblicos.
[8] Xiaoshuai Wang “Beijing Bicycle”, Sony Pictures Classics, USA, 2002
[9] Heidegger, Martin. “Conferencias y Artículos”, Barcelona, Del Serbal, 1994, p129
[10] son los callejones que forman el casco antiguo de la ciudad de Pekín (China). Muchas de estas callejuelas fueron construidas durante las dinastías Yuan, Ming y Qing. En estas calles, las casas tienen entradas estrechas y todas las habitaciones dan a un patio cuadrado, centro neurálgico de la vivienda. La mayoría tienen un cuarto de baño comunitario.
[12] Mantenerse en suspenso en un medio
[13] Circular: intr. Andar, moverse dentro de un circuito
[14] Koolhaas, Rem “S,M,L,XL”, The Monacelli Press, Nueva York, 1994
[15] Bachelard, Gastón “La poética del espacio” Ed. Fondo de Cultura Económica, p222
[16] Xiaolu Guo. “The Concrete Revolution”, Digibeta, UK, 2004 62'
[17] Ver video: http://www.youtube.com/watch?v=xqrbZGdEtxY
[18] Christopher Alexander “The Timeless Way of Building”, Oxford University Press, 1979
Esta es la visión de las ciudades como máquinas de hacer dinero, de transformar al pobre en no-tan-pobre, que es lo que atrae a ellas al ambicioso y al desesperado. Hay otras clases de visiones que comienzan, como muchas visiones urbanas lo han hecho, con un intento por ocuparse de la patología de la ciudad. El modernismo, después de todo, tuvo que ver con las nociones de higiene, probablemente más que con otras cosas.
Pero existen otras visiones menos tangibles que ninguna ciudad puede ignorar por mucho tiempo. En algunos casos son el reflejo de la manera en que se organizan las sociedades, lo que se entiende con mayor claridad como las manifestaciones de una identidad cultural. Es por ejemplo esa capacidad exclusiva de los japoneses de manejar el caos para transformarlo en orden, lo que tanto distingue a Tokio de muchas otras ciudades asiáticas más pobres con estructuras básicas similares. Tokio carece de una lógica urbana obvia más allá del gran vacío verde del jardín del emperador en el corazón de la ciudad. No tiene un sistema de numeración de calles y de domicilios racional, cuenta con un sistema de transporte subterráneo terriblemente atestado, y padece absurdos embotellamientos. Con todo ello, es una de las ciudades más elaborada y cuidadosamente organizadas del mundo. En cualquier otra cultura, tal estructura caótica se vería reflejada en un caos literal y externo. En Japón, los niveles de cohesión social aparentemente programados genéticamente convierten a la misma materia prima que se podría encontrar en un barrio marginal filipino, en algo totalmente distinto.
Una ciudad es un menú à la carte. Eso es lo que la distingue de un pueblo, que ofrece muchas menos opciones. En el fondo es la visión lo que le da a una ciudad un sentido compartido de sí misma. Una visión de urbanidad positiva tiene que basarse en garantizar que cada vez más clientes puedan acceder a dichas opciones. Y quizás se encuentre un tipo de confort psicológico en la idea de que una ciudad pueda todavía ser el producto de una visión y no de sus consecuencias no intencionadas.
Quienes buscan entender a la ciudad contemporánea tienen mucho que aprender de los novelistas y cineastas: los arquitectos y los urbanistas también cuentan historias, desarrollando un relato mucho antes de haber construido nada. Ofrecen una historia o, más frecuentemente, un mito de comunidad o de verdor, una imagen de modernidad o de tradición. Es la vista literaria de la ciudad de Dickens y Zola en adelante lo que nos permite entender sus matices de luz y sombra. Nos ayuda a comprender la naturaleza defectuosa pero rica de la vida de ciudad que no sobrevive a la respuesta convencional que se le da a la realidad urbana y que consiste en tratar de deshacerse del oscuro vientre de la ciudad. Si lo hiciera se pondría en riesgo el daño colateral de destruir las verdades cualidades que hacen que una ciudad funcione. Como resultado, la ciudad se convertiría en un pueblo, que no es lugar para los desposeídos y los ambiciosos, desesperados por escapar de la pobreza.
En Londres, la zona conocida como los terrenos de King’s Cross es una herida de cuchillo en la tela urbana que no ha cicatrizado desde el momento en que los canales y los ferrocarriles la abrieron a los comienzos del siglo diecinueve. Refleja la realidad de la vida de ciudad en su forma más brutal y extrema. Las prostitutas y los adictos comparten el pavimento con los empleados que se trasladan hacia y desde sus trabajos, orillando la vasta franja de canales y cobertizos atrapados entre Euston Road y las residenciales calles de Camden Town. O por lo menos solía ser así. La zona está en un proceso de desarrollo frenético que irresistiblemente recuerda a la transformación febril de este mismo pedazo de tierra retratado por Charles Dickens en Dombey and Son. Dickens capturó la dislocación surrealista de las casas dejadas a la deriva por los terraplenes del ferrocarril, y los caminos que no llevan a ningún lado.
Está sucediento casi lo mismo ahora. La enorme caja de cristal y acero blanco, torpemente agregada a la espalda de la victoriana estación de St. Pancras, destinada a la atención del ferrocarril de alta velocidad que sirve de enlace con París y Bruselas, está casi lista. Representa un proyecto de construcción en una escala que se puede comparar con aquella de los victorianos, aun cuando no refleje su confianza o ambición arquitectónica. Franquear la zona implica abrirse paso a través de nuevos viaductos que surgen del barro, grúas torre, viejos depósitos y gasómetros. El paisaje es de a ratos pastoral y de a ratos descuidado. Tal como se lo ve ahora, King’s Cross es un lío anárquico y salpicado de barro que revela las cambiantes placas tectónicas de la vida urbana. El nuevo King’s Cross va a ser un lugar amable, confortable donde los trabajadores que estén de paso puedan tomar su café con leche al salir del tren de camino a la oficina. Es el producto de una vista de la ciudad como organismo que es dócil y fácil de manipular, pero que nunca va a ser una ciudad en el sentido en que Dickens o Zola la entenderían.
Así como las ideas sobre las ciudades se basan en los tres grupos involucrados respectivamente con las teorías, las políticas y las prácticas, la realidad física de una ciudad es considerada por la Era Urbana como el producto de un conjunto interrelacionado pero igualmente distinto de temas. A éstos se los puede resumir como relacionados con cinco tópicos fundamentales. Uno es el espacio público, que se encuentra en el mismísimo corazón de cualquier definición de ciudad. Luego está el movimiento tanto en la ciudad como alrededor de ella. El espacio público sin la posibilidad de movimiento es como una mariposa muerta en una caja de exhibición: el movimiento significa acceso, que es el verdadero problema conectado con el espacio. Y el espacio tiene que ver tanto con lo simbólico y teatral como con lo técnico. Abarca no solo la capacidad, sino los mecanismos de la democracia también. Es tema de discusión que cuando Brasil creó su nueva ciudad capital, el plan maestro de Lúcio Costa abarcaba solamente la apariencia de espacio democrático, no su realidad ya que la vida urbana brasileña se quedó en Río y en San Pablo mas que en el gran mall verde de Brasilia. Hasta la hoja de higuera que representaba el espacio democrático en la capital nacional desapareció cuando el ejercito tomó el poder y estableció puestos con ametralladoras en los edificios oficiales de Niemeyer.
Otra clave para entender a la ciudad radica en sus barrios – los lugares donde viven sus habitantes. Y para vivir y mantenerse, está también la cuestión del trabajo. Para hacer todo esto posible, tenemos el problema intangible y a la vez vital de la seguridad. Para que la ciudad funcione en forma genuina, quienes la habitan deben sentirse seguros. La seguridad no es totalmente susceptible al cálculo racional. Es posible medir la seguridad a través del índice de asesinatos o por las poblaciones de las cárceles, pero las mismas estadísticas en ciudades diferentes sobre problemas similares tendrán consecuencias completamente distintas ya que disparan reacciones diferentes entre la población.
La ciudad es una interacción compleja de problemas y ambiciones moldeados por las decisiones diarias de sus ciudadanos así como por sus líderes políticos o sus funcionarios, aunque éstos están también regidos por la conducta del mercado. En el desarrollo de una ciudad, la participación de las empresas petroleras y de las fábricas de automóviles es tan significativa como lo es el rol de las instituciones financieras que hacen posible la construcción de viviendas. El desarrollo de la ciudad abarca regímenes legales y de inversión, así como ideas aparentemente simples como aspirar aire fresco sin tener que preocuparnos por sus efectos en nuestra salud y en la de nuestros hijos.
Una ciudad es una visión así como también un mecanismo, en el mismo sentido en que se concibe a los carriles para autobuses en Bogotá como un ideal para facilitar el movimiento de las masas y no como un sistema reglamentario negativo que obliga a los propietarios de vehículos privados a modificar sus hábitos. Una ciudad también es el producto de la innovación precipitada o de instrumentos financieros como por ejemplo las hipotecas residenciales introducidas en China en 1999, y la resultante ola de construcción de edificios de departamentos que éstas hicieron posible. Dados los costos y las obligaciones que vienen aparejados con los privilegios de la vida urbana, una ciudad es también un test de los límites del poder de la persuasión, como opuesto a la compulsión. Finalmente, una ciudad genuina sólo se trata de lo primero y no de lo último.
“Si el mundo no tiene lugar para nosotr@s, entonces otro mundo hay que hacer. Sin más herramienta que la rabia, sin más material que nuestra dignidad. Falta más encontrarnos, conocernos falta. Falta lo que falta…” Después de la publicación en septiembre del comunicado en el que el Comité Clandestino Revolucionario Indígena, la Comandancia General del EZLN, la comisión Sexta y la comisión Intergaláctica del EZLN , hacen el llamado a la celebración del PRIMER FESTIVAL DE LA DIGNA RABIA con el tema de: OTRO MUNDO, OTRO CAMINO: ABAJO Y A LA IZQUIERDA, ahora aparecen nuevas noticias y actualizaciones de la mano de un nuevo comunicado en el que se dan a conocer los países participantes, las temáticas programadas, los participantes en las conferencias magistrales y los participantes por parte del EZLN. El festival se llevará acabo del 26 de diciembre al 4 de enero y tendrá como cedes la otra Ciudad de México, el Caracol de Oventik y el CIDECI de San Cristóbal de las Casas. Los temas del festival son: Los Otros Caminos: Otra Ciudad Los Otros Caminos: Otros Movimientos Sociales Los Otros Caminos: Otra Historia Los Otros Caminos: Otra Política Las 4 ruedas del Capitalismo: EXPLOTACIÓN Las 4 ruedas del Capitalismo: DESPOJO Las 4 ruedas del Capitalismo: REPRESIÓN Las 4 ruedas del Capitalismo: DESPRECIO Para enterarte acerca de las cedes, las actividades, cómo participar y toda la información visita: http://dignarabia.ezln.org.mx/ MANGUM se hace partícipe de este acontecimiento libre, colectivo y crítico, cree que otro mundo es posible cuando se juntan muchas imaginaciones creativas. Invitamos a todos a agenciarse este acontecimiento, a hacer complicidades, a juntar nuestras rabias, nuestra dignidad, nuestra imaginación, nuestras otredades… a crear otro mundo abajo y a la izquierda.